
Dama Misteriosa

Paola
y
Javi
Habíamos organizado pasar el fin de semana juntos, nada fuera de lo corriente, cosa que a ti no te gusta mucho, pero te encontrabas malo con resfriado, y no tenias el cuerpo para mucho trote en cuestión de viajes.
Llegaste a casa sobre las 9.30, escuché la puerta del garaje, me planté delante de la chimenea del salón, sobre la alfombra peluda que habíamos comprado en uno de nuestros viajes, la música sonaba de fondo y el ambiente era más que ideal.


Deteniéndome en tus nalgas que muerdo y acaricio con pasión, tú no paras de moverte, de gemir, no te estás quieto, y te doy un azote, haciendo que des un respingo de placer, y sigo bajando con mi lengua y me entretengo en tu agujerito, tus gemidos me dicen que te gusta.
Sigo jugando con tu sexo dentro de mi boca, lo meto por entero, lo chupo más deprisa, aumentando el ritmo, subiendo y bajando, tú estás a punto de explotar, agarro tu sexo y lo meto entre mis pechos y empiezo a masajearlos, subiendo y bajando, aprovechando las subidas para chuparlo con mis labios, aumento el ritmo, y tú, tus gemidos, tus movimientos de caderas, explotando en un maravilloso orgasmo, saliendo de tu garganta un tremendo y delicioso gemido, llenando mis pechos con tu leche.

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia si límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
la fatiga continua y el dolor es infinito.
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