Dama Misteriosa

Paola
y
Javi
Llegaste a casa sobre las 9.30, escuché la puerta del garaje, me planté delante de la chimenea del salón, sobre la alfombra peluda que habíamos comprado en uno de nuestros viajes, la música sonaba de fondo y el ambiente era más que ideal.
Sigo jugando con tu sexo dentro de mi boca, lo meto por entero, lo chupo más deprisa, aumentando el ritmo, subiendo y bajando, tú estás a punto de explotar, agarro tu sexo y lo meto entre mis pechos y empiezo a masajearlos, subiendo y bajando, aprovechando las subidas para chuparlo con mis labios, aumento el ritmo, y tú, tus gemidos, tus movimientos de caderas, explotando en un maravilloso orgasmo, saliendo de tu garganta un tremendo y delicioso gemido, llenando mis pechos con tu leche.
Tú estabas excitado, no sabías por qué, pero estabas tremendamente cachondo y caliente, al abrir los ojos viste un bulto bajo las sabanas que estaba en movimiento, yo estaba ahí, dándote un magnífico despertar. Estabas demasiado excitado, los sueños que habías tenido en el rato que te dejé descansar ninguno me había hecho justicia, lo hacía mejor que lo que tu memoria y tu imaginación te permitía representar. Notabas mis labios, mi lengua, caliente, húmeda. Cómo subía y bajaba, cómo iba disfrutando cada salida y entrada de esa maravillosa boca que tan cachondo te ponía sólo imaginándome ahí.
Me destapaste, te miré sorprendida, mientras seguía haciéndotelo. Estaba muy excitada, lo estaba haciendo con gusto, con mucho gusto. Aceleré el ritmo de mis lametones, de mis caricias, empecé a hacerlo de una manera que te volvía loco, no sabría explicar cómo, pero no creía que fueses a aguantar mucho más.
Tú, al borde del orgasmo, veías cómo todo ocurría y en el momento que notaste de nuevo mis labios, y mi lengua alrededor de tu pene, estallaste en mi boca, embistiéndola con el pene sin poder contenerte, llenando esta preciosa boca que tanto te gusta con tu leche.
No podías creértelo, estabas disfrutando más que nunca, un gemido espectacular salió de tu garganta. Terminé acariciándolo con mis labios y mi lengua con mucha ternura, mientras te dedicaba un guiño.
Me acerque a ti y me puse encima de tu abdomen, sentada desnuda.
-- Cielito que calentita estás, me dijiste.
--- Relájate y disfruta cielo, simplemente déjate llevar.
Empecé a derramar gota a gota el aceite de almendras, por tu pecho, lentamente, solo usar las puntas de los dedos, suave, solo rozar, bajando hasta tu abdomen, poco a poco, cuando llego hasta tu pubis, pero me desvío, y te masajeo tus ingles haciendo que la punta de mis dedos vaya rozando tu sexo ya erecto, y sigo con tus piernas, una a una, hasta llegar a la planta de los pies. Y sigo masajeándote tus dedos uno a uno suave.
Mirando desde abajo puedo ver que estás muy excitado, empiezo a subir poco a poco por tus piernas, me paro al llegar a tu miembro, grande y duro… mmm, te lo unto todo de aceite, me doy la vuelta y con mis pies te empiezo a masturbar, suave, lento, tocando con mis dedos la punta de tu pene, estás excitado, mucho, y sigo subiendo el ritmo de mi masaje con los pies, te gusta, no paras de gemir, y sigo subiendo y bajando, acelerando el ritmo, y siento en mis pies la hinchazón de tu miembro, cada vez más, y sigo acelerando el ritmo, con más fuerza…
Tú estás ya totalmente tendido con los brazos abiertos y tus ojos cerrados, y sigo con el ritmo fuerte, mas fuerte cada vez, noto tus espasmos en tu miembro, duro y a punto de explotar, hasta sentir un gemido agudo que sale de tu garganta, y ver como tus fluidos se derrama por mi pies.
No sé en qué momento sucedió, sentí su mano suave acercando mi cabeza firmemente a la suya, entonces me besó, saboreé esa lengua que acababa de detallar y la sentía suave y divina. Lo hicimos por largo rato, nos conocimos profundamente a través de los besos, nos descubrimos el deseo, nos desnudamos la pasión… parecíamos unos desquiciados, todo a nuestro alrededor desapareció…
Sentí sus manos rozarme. Lentamente tocaba mi cuerpo por encima de mi ropa, mi cuerpo hablaba de coincidencias, indolente, entregada a su contacto. Mi mente descifraba sus caricias entre los espacios que dejaba su lengua, cuanto deseaba ser suya... qué importa lo demás… el deseo te lleva a abismos donde quieres saltar y en la caída está el placer…
Empecé a tocarlo, le saqué su camisa del pantalón y toqué su espalda suave, caliente, deslicé mis manos por su pecho, abrí su pantalón, para ese entonces estábamos tapados con las mantas de vuelo… deslicé mi mano y acaricié su duro y jugoso pene.
Estábamos tan excitados que nuestras respiraciones se entrecruzaban y respiraba de su aire. Sus ojos eran como fuego de tanto deseo… mi boca insaciable le dio un placer infinito.
Él me tocó toda, poco a poco engañó a mi ropa y me hizo vulnerable, sus manos me hicieron el amor, me acosaron, me regalaron un viaje de ida a vuelta al cielo, marcaron mi tiempo… la pasión me convirtió en amante de esta anarquía divina. Y el deseo… inmenso, estaba regado por doquier… una entrega total e infinita, sin tiempo ni lugar… donde solo existíamos él y yo.
No sé cuanto duró y no importa, los bordes de la pasión no reconocen definiciones ni formas. Yo… le coqueteé a la vida, me dominó el caos de los deseos y los besos que anhelé. El… me hizo libre y me dio las alas que necesité. La vida por su parte, nos prometió la oportunidad de conocernos… y a partir de ahí comenzar una relación maravillosa…con sus altos y bajos, como ya os contaré en sucesivas ocasiones.
Yo llevaba puesto un camisón de seda negro, un ceñido corpiño, que marcaba mis pechos. Si hay algo de mi cuerpo de lo que estoy orgullosa son de ellos, son generosos, pero sin llegar al exceso, naturales, y de momento se conservan firmes, tengo debilidad por mis pechos, y sé que a ti también te gustan, lo sé por el tiempo que pasas degustándolos con pasión y deseo: unas medias negras con su debido liguero, unas brasileñas de encaje y tacones de aguja negros.
--- Cielo me estás poniendo muy malito, ¿puedo jugar yo también?
Me acerco a la mesa y tomo una de las copas de vino y la lleno, te la doy, pero no quiero que bebas, cojo el reposapiés del sillón y me subo en él sin dejar de bailar, lentamente voy bajando una de las medias, pero solo hasta media pierna, te pido que seas tú el que la termine de quitar, y así lo haces, suave… lento, acariciando mi piel con las yemas de tus dedos, te pido la copa de vino, quiero que te sientes de nuevo en el sillón, pongo mi pie en tu sexo y lo acaricio suave lentamente y voy subiendo poco a poco hasta llegar a tu boca, cojo la copa de vino y derramo poco a poco el vino desde mi rodilla, y te pongo mis dedos en la boca, para que bebas, ummm, me excita sentir tu lengua acariciando mis dedos, chupándolos, bebiendo todo el vino que voy derramando, toda una delicia, estas muy excitado y quieres seguir con las caricias, pero no aún no te toca, pues ahora llega la mejor parte.
Me levanto y me voy al sofá, saco de debajo de un cojín mi juguetito, lo tenía escondido, ver tu cara es toda una delicia, sorpresa y asombro a la misma vez, no pierdes ni un segundo. te desnudas por completo y te pones cómodo en el sillón sin dejar de mirarme preparándote para disfrutar de mis juegos.
Me tumbo en el sofá y busco la postura más cómoda, abro mis piernas, tomo mi juguete y lo introduzco por mis braguitas, acariciándome el clítoris, dios que placer, es un movimiento suave pero constante.
Me desprendo de las brasileñas, me miras fijamente, ver como miras con deleite mi sexo depilado, expuesto para ti, hacía que mi excitación aumentara.
Sigo acariciándome con mi juguete mientras no paro de gemir, introduzco mis dedos en mi sexo para chupármelos después, me encanta como sabe mi rosita hace que me excite más.
Empecé a jadear con más fuerza, mi cuerpo se estremecía, mis caderas no paraban de moverse, mi cuerpo vibraba, y yo no paraba de gritar y de gemir, era el momento del orgasmo, así pasaron unos minutos.
Cuando abrí mis ojos, ahí estabas tú, con una carita deseo de querer ser tú el que ahora me produjeras tanto placer.
Me levante, te extendí mi mano y te acercaste…
Mientras te besaba, me decías…
--- Me encanta ver cómo te corres, en esos momentos eres la mujer más sexy del mundo. Pero ahora quiero jugar yo también, no seas mala.
Te tumbé en la cama, tu miembro estaba muy erecto, grande y poderoso, me senté encima de ti, despacio, acerqué tu pene a mi vagina, solo la punta, con ese primer contacto, hizo que emitieras un gemido que me excitó aún mas, lentamente tu pene fue entrando, disfrutando de mi calor, de la presión que mi sexo hacia en él, seguías gimiendo, arqueando tu espalda, te seguía cabalgando aumentando el ritmo, notaba tu pene en toda su dimensión dentro de mí en cada embestida, no parábamos de gemir, de movernos más rápido, tus manos devoraban mis pechos, y seguía aumentando el ritmo, no quería parar, cada movimiento, cada embestida hacia que tu pene se hinchara más y más, y el placer era único.
Tu excitación estaba llegando al límite, y sabia que tu orgasmo estaba cerca, quería correrme contigo, me dejé llevar aumentando mis movimientos, mis subidas y bajadas, y así en una oleada de gemidos, y gritos explotamos los dos juntos en un orgasmo alucinante.
Me encanta ver tu cara y el brillo de tus ojos cuando te corres.
Bañados en sudor y exhaustos nos abrazamos, besándonos apasionadamente, una vez más habíamos disfrutado de nuestro encuentro, nada que decir, solo mirarnos, sonreír, y dejarnos vencer por el somnoliento relax de nuestros cuerpos.
by Dama.
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia si límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
la fatiga continua y el dolor es infinito.
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